🔥 “¿Dónde está la justicia para los pueblos originarios?”: Sheinbaum responde al conflicto de artesanos en Querétaro, pero sin tocar el fondo del problema 🇲🇽
- 9 dic 2025
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Ciudad de México, 10 de diciembre de 2025 — La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se pronunció este miércoles sobre el reciente conflicto entre artesanos —muchos de ellos indígenas— y autoridades locales en el centro histórico de Querétaro, un episodio que ha encendido nuevamente el debate sobre los derechos de los pueblos originarios y el acceso equitativo al espacio público. Sin embargo, su declaración, aunque bien intencionada, ha sido criticada por omitir la raíz estructural de la crisis: la invisibilización, la marginalización y la criminalización sistemática de los pueblos indígenas en las ciudades mexicanas.
El conflicto estalló la semana pasada cuando inspectores municipales, respaldados por elementos de seguridad, desalojaron de forma violenta a decenas de artesanos —entre ellos mujeres mazahuas, otomíes y purépechas— que vendían sus productos en la plaza principal de Querétaro. Muchos de ellos llevaban décadas trabajando allí, sin permisos formales, sí, pero sosteniendo una economía cultural y comunitaria que el Estado ha ignorado. Las imágenes de abuelas siendo arrastradas y telares tradicionales tirados al suelo conmocionaron al país.
En su mensaje, Sheinbaum expresó que “se están haciendo las gestiones pertinentes con el gobierno del estado de Querétaro para garantizar el respeto a los derechos humanos de quienes venden artesanías” y llamó al diálogo. Si bien reiteró su apoyo a los artesanos, evitó condenar de forma clara la acción represiva y no mencionó en ningún momento la identidad indígena de la mayoría de los afectados.
¿Diálogo sin reconocimiento?
Aquí radica el problema: no se puede hablar de justicia para los pueblos originarios si se los sigue tratando como “vendedores informales” y no como sujetos de derecho con una cosmovisión, una historia y una relación ancestral con el territorio. El desalojo en Querétaro no es un caso aislado; es una repetición de patrones coloniales donde lo “ordenado”, lo “urbano” y lo “moderno” se imponen sobre lo “tradicional”, lo “comunal” y lo “indígena”.
México tiene 68 pueblos indígenas reconocidos y, según el INPI, más del 25% de las personas indígenas viven en zonas urbanas. Sin embargo, las políticas públicas siguen diseñándose desde una lógica centralista y homogeneizadora, que no contempla sus formas propias de organización, economía ni expresión cultural. ¿Cómo se espera que dialoguen si ni siquiera se les nombra?
La hipocresía del “apoyo a las artesanías”
Es irónico que el gobierno federal destine millones a ferias de artesanías y campañas turísticas que exotizan la cultura indígena, mientras en las calles se les persigue por vender esos mismos productos que supuestamente se celebran. Las artesanías no son solo mercancías: son patrimonio vivo, transmisión de saberes, resistencia ante la modernidad extractivista. Pero en Querétaro —y en tantas otras ciudades— se les trata como una molestia estética, como un “desorden visual” que entorpece la imagen de marca de una ciudad patrimonio de la UNESCO.
¿Qué sigue?
La respuesta no puede ser solo mediación o reordenamiento. Se requiere reconocimiento constitucional pleno, políticas de inclusión urbana con enfoque intercultural y justicia territorial. Los pueblos originarios no piden favores: exigen derechos. Y el Estado mexicano, incluida la propia presidenta Sheinbaum, tiene la obligación histórica y legal de garantizarlos.
Hasta que eso suceda, los desalojos seguirán, las abuelas seguirán siendo criminalizadas y las artesanías seguirán adornando museos mientras sus creadores son expulsados de los mismos espacios que han habitado —de una u otra forma— durante siglos.
Hoy más que nunca, México debe preguntarse: ¿a quién pertenece la ciudad? 🧵



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